jueves, 15 de noviembre de 2007

una vida sin amor: Pita Amor

Para algunas es facil saber quien es, para otras talvez no, por eso tambien en historias es muy interesante conocer los amores fragiles y aventureros de esta gran poeta mexicana. La vida de Guadalupe Amor, una redonda soledad, como ella misma lo expresa:
“Siempre lo digo. Monótonamente insisto en ello: desde niña quise hallar algo perdurable. Vanidosa ambición que aún me consume…” Esta frase la escribió en 1959 Guadalupe Amor
Casa redonda tenía
de redonda soledad
el aire que la invadía
era redonda armonía
de irrespirable ansiedad.
Las mañanas eran noches,
las noches desvanecidas
las penas muy bien logradas,
las dichas muy mal vividas.
Y de ese ambiente redondo,
redondo por negativo
mi corazón salió herido
y mi conciencia turbada.
Un recuerdo he mantenido
redonda, redonda nada.

Pita fue la última hija de los Amor Schmidtlein. Era irresistiblemente hermosa y, conforme creció, increíblemente tirana. Todo se le complacía, con tal de no escucharla llorar o gritar. Así, a la vuelta de las décadas, Guadalupe rompió el capullo y se transformó en una bella adolescente que sólo ansiaba dejar el hogar paterno y ser adulta.

Huyó antes de los 18 años y comenzó su singular vida de soltera, rodeada de hombres que la amaban, de mujeres que la asediaban, de literatos que asistían a las reuniones que organizaba un día sí, y otro también, en su departamento de Río Duero y Pánuco, por el que pasaron Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Garro, Juan José Arreola, Pina Pellicer, José Revueltas y cientos de personajes más. Guadalupe vivía de noche y dormía en el día. Por la tarde, la soledad y la angustia la atenazaban. Entonces escribía; así huía el fantasma de la soledad, el abandono y la muerte:

Polvo constructor del mundo,
mundo de sangre impregnado
lo gris por rojo has mudado,
lo estéril por lo fecundo.Es tu poder tan profundo
que de sangre has hecho ideas
temo que divino seas
pareciendo terrenal
pues te presiento inmortal
porque tú mismo te creas.

Murió sola, en un largo silencio que la mantuvo en cama por más de dos años. En ese lapso, se acompañó de los fantasmas que siempre quiso olvidar: la soledad, el abandono y la muerte. Dejó este mundo el 30 de mayo del 2000. Con ella murió una época de México, y una brava mujer que, a fuerza de codazos, se abrió paso en la tierra de los poetas.

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